septiembre 10, 2013

Todo es relativo



   Diariamente cuando salimos a la calle nos colocamos sin darnos cuenta varios escudos que nos son útiles para defendernos de los ataques del mundo exterior, entre ellos está el escudo de la belleza, este escudo no debería ser el de la belleza aceptada por la sociedad, si no el de la belleza aceptada por nosotros mismos. Esa belleza que va asociada a nuestra autoestima no a la de los vaivenes de la moda en nuestra ciudad o país. 

   En esta etapa que gracias a Dios todavía vivo que es la adolescencia, se acrecienta esas desesperadas ganas de ser aceptados por los demás, tener amigos y que nuestra belleza sea apreciada por los demás, y cuando no lo es, caemos en un abismo de desesperación en el que constantemente nos preguntamos que tenemos de mal, ¿por qué tengo que tener esto en logar de esto?, ¿por qué no soy más alto o atlético?...

 Tiempo después vamos aceptándonos tal y como somos, parece más un consuelo que una resolución aceptada desde nuestro interior sobre nuestra belleza. Y muchos pasan hasta la vida entera con este consuelo metido en el pecho, sin dejar que las esporas de nuevos pensamientos de autocomprension de nuestra belleza, que ya desde nuestro nacimiento es única,  se apoderen de nosotros para que todo nuestro ser comprenda que la belleza no está en tener ojos azules o verdes, está en tener una mirada picarona y sensual, no está en tener una bonita voz, está en tener habilidad verbal para coquetearle a la vida y conseguir que todos los que queramos sean parte de nuestra vida, no está en tener mucho dinero, está en que con lo poco que tengamos seamos agradecidos con la vida y llenar de detalles a los que amamos.

  El secreto de un buen escudo esta en no sentirlo como un escudo, no sentirlo como una herramienta de defensa, si no en verlo como parte de nosotros, sentir que no es una forma de asegurar el autoconvencimiento como tal, sino que es la manera como vemos al mundo, de cómo nos vemos en dicho mundo. Porque de esa forma más adelante no tenemos que vivir de viejas glorias, nos veremos cada vez más bellos, porque ya nuestra mirada que estará poblada por muchas o varias arrugas tendrá un brillo y una forma de ver más hermosa de la que teníamos cuando éramos jóvenes, que nuestras ganas de vivir son más grandes que nunca y nos atrevamos a hacer cosas diferentes porque simplemente el tiempo ya no importa, ya habremos vivido bastante. Y seguramente con todo esto nos sintamos más hombres o mujeres que nunca porque a pesar de nuestra edad vamos a tener el encanto para enamorar cada día más a esa viejita o viejito canoso que tenemos al lado.  

By Daniel Alejandro Urquia Franco with No comments

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