Playlist #1: Máquina De Música

Ichamo, Primer Portal Venezolano De Descarga De Música Digital

Manual Para Criar Hijos

Siempre he escuchado que criar hijos es muy difícil porque “no hay manual para ello”. Y no se si fue por inercia, inmadurez o por errónea cultura de nunca rebatir las opiniones de los mayores, pero siempre había dado por sentado que[...]

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Chávez Eterno

Amigo es difícil escribir sobre ti, solo caen a cantaros cientos de frases, de risas y cantos tuyos, pero muy pocas palabras. Y aun cuando han pasado semanas y días sigo pensando y tratando de digerir tu muerte. Sigo intentando aceptar[...]

Mario Vargas Llosa: La Muerte Lenta Del Chavismo

mayo 05, 2013

38 propuestas de actividades para sustituir a la televisión



  1. Aprende a tocar un instrumento musical
  2. Ir a conciertos
  3. Visita una biblioteca pública
  4. Escucha la radio
  5. Escribe un artículo o un relato
  6. Pinta un cuadro, un mural, …
  7. Aprende sobre los árboles y flores nativas de tu zona
  8. Planta algo
  9. Ve a nadar
  10. Lee un libro
  11. Lee a otra persona
  12. Planea una salida al monte
  13. Ve a observar aves. Aprende los nombre de los aves locales
  14. Visita tu ciudad
  15. Escribe una carta a un amigo o pariente
  16. Aprende a hacer pan
  17. Aprende a hacer mermeladas
  18. Goza de un momento de silencio
  19. Hazte miembro de un coro. Canta
  20. Revisa tu armario y la ropa que no uses llévala a una institución de beneficencia.
  21. Comienza un diario
  22. Visitar un museo
  23. Haz algún objeto de artesanía para regalar
  24. Toma fotografías
  25. Organiza tus fotos
  26. Asiste a una obra de teatro
  27. Haz ejercicios físicos
  28. Repara o renueva un mueble
  29. Lee poesía. Intenta aprender de memoria aquellos poemas que más te gusten
  30. Ve a bailar
  31. Mira el atardecer o la salida del sol con un amigo o amiga
  32. Ve al cine
  33. Reúnete con amigas y amigos para comentar un libro que hayan leído todos
  34. Organiza una tertulia
  35. Cambia las macetas de las plantas a las que le haga falta
  36. Intenta cultivar en macetas plantas aromáticas y medicinales
  37. Conoce el centro cultural de tu barrio e implícate en alguna de sus actividades
  38. Cualquier actividad que te ayude a mejorar tu nivel de vida
  39. MEDITA
  40. JUEGA y dedica más tiempo a disfrutar con tus hijos
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By Anónimo with No comments

¿Por qué vemos tanta televisión?: Crónica de la cajita mágica



Por Dick Johnson

   En el año 2010 se publicó en el diario “El País” un estupendo reportaje sobre la cantidad de horas que pasamos delante del televisor sin menoscabar el tiempo cada vez mayor que pasamos también delante de un ordenador. El problema fundamental no es sólo la cantidad de horas empleadas en ello sino la razón que hay detrás de que se utilice el televisor de este modo: ¿evasión o diversión?.

   Desde hace mucho tiempo la televisión se coló en nuestros hogares como símbolo de acceso a innovaciones tecnológicas y nivel de vida impensables en generaciones anteriores, cambiando drásticamente la forma de ocio familiar. Esto fue más una intromisión que una elección, pues a ver quién se va a negar a ver las maravillas ofrecidas en la pantalla.

   Sin embargo, con el tiempo, lo que en origen podía considerarse una forma de ocio se ha convertido en un instrumento al que nos enganchamos pasivamente y de manera patológica. Veamos:

   * En el reportaje se apunta que los españoles pasamos una media de cuatro horas al día delante de la caja tonta. ¿A alguien le parece esto normal?. ¡Cuatro horas al día!, ¡veintiocho horas a la semana!, ochocientas cuarenta horas… en fin, mejor no seguir contando. El problema, porque sí, cuando hablamos de tal cantidad de tiempo entiendo que es un problema en toda regla, no sólo es que esas cuatro horas estemos ocupaditos, haciendo zapping, viendo programas que hasta nos pueden llegar a gustar, sino lo que dejamos de hacer en ese tiempo

   * La publicidad, como es obvio, encuentra su medio natural de difusión desde el televisor. El marketing y la publicidad son una forma de manipulación con la que se nos dicta qué comprar, qué hacer y qué sentir. Que nadie se olvide de esto porque ya no estamos ante los ingenuos anuncios de los años sesenta. Ahora se nos quiere vender magníficos coches que circulan a la velocidad de la luz con una belleza en su interior, que los bollitos de tal marca constituyen la alimentación más saludable para nuestros hijos y si queremos rejuvenecer varios añitos ahí tendremos la solución al alcance de la mano

   * Ya hablamos en su día del impacto de la publicidad dirigida hacia los más pequeños, pero ahí está también la televisión para actuar de niñera y mantener calmados a los niños cuando nos convenga, fomentando el sedentarismo y la pasividad cuando lo que se debe hacer puntualmente se convierte en la normal habitual. Conozco gente con críos que manteniene el televisor todo el día encendido tal hilo musical de unos grandes almacenes

  * Obesidad, comidas familiares ante el televisor sin diálogo familiar, la realidad transformada y catalizada por los intereses de medios de comunicación con un rasgo político u otro, mentes catatónicas sin capacidad de respuesta abrumada por la avalancha de información (o desinformación)

   El problema no es sólo el contenido de lo que se ofrece sino el uso patológico que le podemos llegar a dar sobre todo si lo que hacemos ante el televisor es huir de nosotros mismos, como se comenta en el reportaje.

   Silencio, concentración, actividades lúdicas alternativas  en casa y sin ruido de fondo, todo esto va en contra de la agitada vida que nos quieren imponer, siempre corriendo de aquí para allá sin tiempo para uno mismo, hay que llenar con algo hasta el último hueco de la vida.

   ¿A alguien le parece normal que por norma se pasen las últimas horas del día desde que cenamos hasta que nos vamos a la cama viendo la tele?. Como ya señalaba Giovanni Sartori en su maravilloso ensayo Homo Videns, vivimos en una sociedad teledirigida a todos los niveles por el poder de la imagen que hemos dejado entrar en nuestros hogares.

   Aquí os dejo una introducción a este libro en la línea de lo comentado por este post:

   En este libro, publicado en 1997, el conocido cientista político Giovanni Sartori, aborda el papel que están desempeñando los multimedios y la televisión en especial en el público, así como también las características de la opinión pública en las democracias representativas de hoy, fuertemente dirigidas por el mundo de las imágenes y de los sondeos de opinión. A diferencia de otras obras teóricas del autor como “la Política” o “teoría de la democracia”, ésta es una reflexión de los tiempos aguda, crítica, pesimista, diríamos casi apocalíptica. Sin embargo, es un libro que cumple con el papel de alertar, de llamar la atención a todas aquellas personas involucradas en procesos educativos, tanto a nivel familiar como institucional respecto de la influencia de la televisión en el plano individual, político y cultural.

   De fácil y rápida lectura, no es por ello una obra superficial. Invita a reflexionar en el mundo que se está viviendo y ayuda a darse cuenta de los eventuales peligros a que podrían llevaos los multimedia y muy particularmente la televisión, cuando se erige como el único factor de socialización de la persona desde su niñez. La tesis central de Sartori es que la televisión y el video (imagen) modifican radicalmente y empobrecen el aparato cognoscitivo del “homo sapiens”, a tal punto que anula su pensamiento y lo hace incapaz de articular ideas claras y diferentes, hasta llegar a fabricar lo queél denomina un “proletariado intelectual”, sin ninguna consistencia. La cultura audiovisual es inculta y por lo tanto, no es cultura, afirma Sartori.

De ser así, da un poco de miedo, ¿no?

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By Anónimo with No comments

Lo que hicieron Céline, Gorki y otros escritores para sobrevivir



   En los años treinta, durante su paulatina decadencia, Francis Scott Fitzgerald  gustaba de entregar parte de su tiempo al recuerdo de los agitados años veinte. Una época de jazz, champán y hoteles caros cuyos ecos no dejarían de retumbar nunca en las ahogadas meninges del autor de El gran Gatsby.
    En su testamento literario, El Crack-Up, el máximo representante de la generación perdida –lo es por apego artístico a su tiempo– cuenta cómo él mismo inauguró la década de los veinte con A este lado del paraíso y enseguida sus cuentos se convirtieron en los mejor pagados de América, llegando a triplicar la cotización de los trabajados relatos de su camarada Ernest Hemingway. Una vida de excesos, despreocupación y supervivencia primaria que consistía en beber y frecuentar todos los ambientes, reservándose el tiempo imprescindible para producir literatura en serie.
   Fitzgerald tuvo la suerte de desempeñarse en trabajos forzosos, alimenticios, relacionados con su vocación, con lo que mejor sabía hacer; sin embargo, el exégeta de la era del jazz no perdurará por sus relatos, y eso que la mayoría acreditan pericia narrativa y dominio del tempo suficientes como para figurar en cualquier canon contemporáneo, sino por un puñado de novelas redondas escritas en etapas de independencia económica, con el tiempo necesario para atender a las musas.
   En Fitzgerald culminó ilustrativamente el devenir histórico del artista en permanente conflicto entre sobrevivir y crear, entre participar en la economía de la sociedad y, lo que es más importante, realizar en ella una labor que esta apreciase y remunerase, o entregarse con valentía a la consecución de la inmortalidad. Aunque apocalípticos de diferente grado se rasgan hoy las vestiduras con la pobre consideración social contemporánea del artista, lo cierto es que hablamos de un problema antiguo que ya preocupaba a los clásicos. En el siglo I d. C. tenemos el que quizás sea el primer testimonio que alude a la peligrosa decadencia que acecha a las obras nacidas de la necesidad. En este caso es Plinio el viejo el que en su monumentalNaturalis historae llega a decir, en relación con la pintura: “Lo cierto es que la pintura de retratos, por la que se transmiten a la posteridad representaciones extraordinariamente fieles al original, ha caído totalmente en desuso (…) Así, al conservarse la efigie del individuo, no perduran sus propios rasgos sino los de su dinero. Y así sucede, de hecho: la desidia ha destruido el arte”. 
    Es decir, adinerados y poderosos que encargaban obras de una determinada manera, aprisionando el ingenio del creador. Desde entonces no ha habido época en que el artista no haya estado sometido al dictado del que paga. Durante la Edad Media esta circunstancia alcanzó un glorioso apogeo y el mecenazgo de la Iglesia propició el oscurecimiento del propio creador, un creador que entonces estuvo al servicio de obras colectivas, más propias de la artesanía, para un arte profundamente religioso que, relegando el canon clásico de belleza, antepuso la transmisión de los valores de la fe a la propia creación artística. Se trata, tal y como razona Javier Gomá en Ganarse la vida en el arte, la literatura y la música (Galaxia Gutenberg), de un paréntesis histórico en que el artista hubo de transigir, sacrificando para ello su inmortalidad. Sería algo así como decir: si quieres vivir del arte, no te llames a ti mismo artista.
  Salvo excepciones como la de los nazarenos alemanes o los prerrafaelitas británicos, que sí ensayaron, aunque con poco éxito, el modo medieval de creación colectiva, la historia nos muestra al creador como un ser individualista, inseguro y en permanente zozobra a fin de conjugar su pasión con una vida digna, un ser cuya supervivencia en una sociedad regida por el dinero se antoja de una dificultad a menudo insoportable. Incluso en el Renacimiento, con su conquista del prestigio social, solo los más virtuosos pudieron sobrevivir holgadamente con su arte, aunque no sin pagar ciertos peajes. Recuérdese si no la triste tarea de Il Braghettone, condenado a tapar las vergüenzas desnudas de la Capilla Sixtina por indicación del Concilio de Trento.
  De un modo paralelo, cronistas, periodistas, novelistas o poetas han tenido a lo largo de los siglos que, o bien plegarse a acuerdos de mínimos o bien tomar la determinación de vivir al margen de las letras, abonando con dinero su futuro literario. Frente a aquellos que, pudiendo considerarse afortunados, arriesgaron la calidad de sus obras al prosaico objeto de poner un plato caliente en la mesa, no pocos artistas hubieron de malgastar su tiempo en trabajos alienantes, menestrales, algunos de ellos hasta el final de sus días.

   Ni los más grandes se libraron. Ya en nuestro siglo, Faulkner, antes de convertirse en indiscutido premio Nobel, tomó un camino paralelo pero alejado del proceder fitzgeraldiano: él se ganó el respeto de la crítica y, gracias a ello, sedujo a los lectores. El autor de El ruido y la furia muestra en su correspondencia una obsesión enfermiza con el dinero, a lo que subordina todo lo demás, incluidos, claro, sus libros. No se preocupa de escribir buenos cuentos, sino de que se los compren. Que pariese obras maestras en semejantes condiciones daría para un estudio aparte. Antes había trabajado en la universidad, como guardarropa en un teatro y de cartero, oficio este último del que lo echarían por abrir y leer cada carta que llegaba. Cargando y descargando una caldera de carbón escribió Mientras agonizo, y aquello debió parecerle suficiente, pues con su primer adelanto se compró un viejo caserón y se encerró a escribir trece horas diarias.
  Caso semejante al de Máxim Gorki, quien después de dedicarse al robo de leña de un modo profesional, ser dependiente en una zapatería femenina –recibía con elegancia a las señoras y luego, frente a su jefe, las despedazaba con todo tipo de comentarios obscenos y agresivos-, acabó de pinche de cocina en el Volga. Tenía 12 años y poco después leería entre lágrimas Taras Bulba, deGogol, decidiendo inmediatamente que sería escritor. En los numerosos textos autobiográficos que nos dejó Gorki vemos que, ya entonces, al autor de La madre solo le interesaba la lectura, obstinación que le valdría el despido de no pocos empleos y un destino forzoso y necesario en la literatura. Del mismo modo, a Paul Claudel la experiencia vital le sirvió de inspiración literaria. Su vida discurrió durante un tiempo de acuerdo a las convenciones de su tiempo. Siendo joven fue cónsul en China y allí tuvo un hijo con la bella y malmaridada Rosalie, que luego abandonaría a Claudel y a su esposo por un hombre más joven y rico. El escritor que vio la luz divina en Notre Dame acabó, como en aquella canción de Sabina, amistándose con el marido de su amada y emprendiendo junto a él una huida enloquecida para recuperar al hijo nacido del adulterio, empresa que, como era de esperar, no funcionó. Luego rompió a escribir y él mismo lo achacaría a aquella aventura insensata: “Los procedimientos de introspección recomendados por los griegos (“conócete a ti mismo”) son falsos. Son los golpes de la vida los que producen en nosotros cosas inesperadas”.

  A la misma estirpe, a la de aquellos que lograron beneficiarse literariamente de sus penosas existencias, pertenece uno de los mayores escritores del pasado siglo: Louis-Ferdinand Céline, que antes de firmar su primera obra maestra, se cansó de dar tumbos por el agitado mundo que medió entre la primera y la segunda guerra mundial. Se fue a Nigeria, al mando de una compañía forestal, y en aquel lugar “nauseabundo, antesala del infierno”, pasó varios años antes de su regreso a París. En la capital francesa se graduó en obstreticia y volvió a echarse al mundo, con un contrato de tres años bajo el brazo por el cual tenía que concienciar a los desfavorecidos de la importancia de la higiene. Viajó por Europa, África y América pontificando sobre cosas como la desratización, los desagües colectores o los mataderos modelo. Al fin llegó a Nueva York, una ciudad “tan insensata como la guerra”, y después a la Casa Blanca, donde fue recibido junto a su equipo por el presidente. En Italia almorzó junto al Duce y, cansado ya de vagar, volvió a Francia e instaló en su casa de Clichy una placa que decía: “Doctor Louis Des Touches, medicina general, enfermedades infantiles”. Entre paciente y paciente, alcohólicos, enfermos terminales y lisiados de guerra, comenzó a escribir una literatura oscura y descarnada. “Estoy elaborando un gran fresco; puro populismo lírico; comunismo sin alma”, le escribirá a un editor sobre el germen de su Viaje al fin de la noche.
   En fin, los casos son numerosísimos y algunos los cuenta Daria Galateria en el interesante tomo de Impedimenta Trabajos forzados: los otros oficios de los escritores. Para que vayan abriendo boca, aquí les dejo unos ejemplos: Jack London fue cazador ballenas en el Ártico; Blaise Cendrars, actor y compañero de piso de Charlot;Dashiell Hammett, investigador privado; Raymond Chandler, contable de una petrolera; George Orwell, friegaplatos; Charles Bukowski, cartero –y dipsómano–; Colette, vendedora de bisutería;Boris Vian, trompetista; Paul Morand, diplomático afincado en Suiza; André Malraux, ministro; Franz Kafka, agente de seguros;Carlo Emilio Gadda, trabajador de la RAI; Jean Giono, empleado de banca; Jacques Prévert, dependiente de unos grandes almacenes; Ottiero Ottieri, experto en personal en una empresa;Thomas Stearns Eliot, banquero y editor; Italo Svevo, industrial por prescripción familiar; Lawrence de Arabia, soldado de fortuna y agitador; Antoine de Saint Exupéry, aviador; y Bruce Chatwin, subastador de Sotheby´s.
  Como ven, los hay que tuvieron más suerte trabajando que escribiendo, si bien todos guardan un triste rasgo en común: al menos durante un tiempo, les resultó imposible vivir de su vocación.

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Un Solo Pueblo Patria Querida. Video Clip

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Wisin y Yandel se separan



   El popular dueto reggaetonero de Wisin y Yandel ha decidido separarse. Acompañado de Yandel, el cantante de reggaeton Don Omar hizo el anuncio sobre los cantantes puertorriqueños y elogió el futuro como solista de su colega durante un concierto efectuado el viernes en la noche en la isla.

   El verdadero nombre de Yandel es Llandel Veguilla Malava y el de su compañero es Juan Morera Luna.

   Ambos reggaetoneros comenzaron su carrera en 1998 y han producido 10 álbumes. Los dos astros, que conjuntan elementos musicales distintos, han colaborado con cantantes como Gloria Estefan, Jennifer López y Lenny Kravitz. / Terra

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Mario Vargas Llosa: La muerte lenta del chavismo



   Una fiera malherida es más peligrosa que una sana pues la rabia y la impotencia le permiten causar grandes destrozos antes de morir. Ese es el caso del chavismo, hoy, luego del tremendo revés que padeció en las elecciones del 14 de abril, en las que, pese a la desproporción de medios y al descarado favoritismo del Consejo Nacional Electoral —cuatro de cuyos cinco rectores son militantes gobiernistas convictos y confesos— el heredero de Chávez, Nicolás Maduro, perdió cerca de 800 mil votos y probablemente sólo pudo superar a duras penas a Henrique Capriles mediante un gigantesco fraude electoral. (La oposición ha documentado más de 3,500 irregularidades en perjuicio suyo durante la votación y el conteo de los votos).

   Advertir que “el socialismo del siglo XXI”, como denominó el comandante Hugo Chávez al engendro ideológico que promocionó su régimen, ha comenzado a perder el apoyo popular y que la corrupción, el caos económico, la escasez, la altísima inflación y el aumento de la criminalidad, van vaciando cada día más sus filas y engrosando las de la oposición, y, sobre todo, la evidencia de la incapacidad de Nicolás Maduro para liderar un sistema sacudido por cesuras y rivalidades internas, explica los exabruptos y el nerviosismo que en los últimos días ha llevado a los herederos de Chávez a mostrar la verdadera cara del régimen: su intolerancia, su vocación antidemocrática y sus inclinaciones matonescas y delincuenciales.

  Diosdado Cabello celebraba que María Corina Machado fuera arrastrada por los cabellos

  Así se explica la emboscada de la que fueron víctimas el martes 30 de abril los diputados de la oposición —miembros de la Mesa de la Unidad Democrática—, en el curso de una sesión que presidía Diosdado Cabello, un ex militar que acompañó a Chávez en su frustrado levantamiento contra el Gobierno de Carlos Andrés Pérez. El Presidente del Congreso comenzó por quitar el derecho de la palabra a los parlamentarios opositores si no reconocían el fraude electoral que entronizó a Maduro e hizo que les cerraran los micros. Cuando los opositores protestaron, levantando una bandera que denunciaba un “Golpe al Parlamento”, los diputados oficialistas y sus guardaespaldas se abalanzaron a golpearlos, con manoplas y patadas que dejaron a varios de ellos, como Julio Borges y María Corina Machado, con heridas y lesiones de bulto. Para evitar que quedara constancia del atropello, las cámaras de la televisión oficial apuntaron oportunamente al techo de la Asamblea. Pero los teléfonos móviles de muchos asistentes filmaron lo ocurrido y el mundo entero ha podido enterarse del salvajismo cometido, así como de las alegres carcajadas con que Diosdado Cabello celebraba que María Corina Machado fuera arrastrada por los cabellos y molida a patadas por los valientes revolucionarios chavistas.

   Dos semanas antes, yo había oído a María Corina hablar sobre su país, en la Fundación Libertad, de Rosario, Argentina. Es uno de los discursos políticos más inteligentes y conmovedores que me ha tocado escuchar. Sin asomo de demagogia, con argumentos sólidos y una desenvoltura admirable, describió las condiciones heroicas en que la oposición venezolana se enfrentaba en esa campaña electoral al elefantiásico oficialismo —por cada 5 minutos de televisión de Henrique Capriles, Nicolás Maduro disponía de 17 horas—, la intimidación sistemática, los chantajes y violencias de que eran víctimas en todo el país los opositores reales o supuestos, y el estado calamitoso en que el desgobierno y la anarquía habían puesto a Venezuela luego de catorce años de estatizaciones, expropiaciones, populismo desenfrenado, colectivismo e ineptitud burocrática. Pero en su discurso había también esperanza, un amor contagioso a la libertad, la convicción de que, no importa cuán grandes fueran los sacrificios, la tierra de Bolívar terminaría por recuperar la democracia y la paz en un futuro muy cercano.

   Todos quienes la escuchamos aquella mañana quedamos convencidos de que María Corina Machado desempeñaría un papel importante en el futuro de Venezuela, a menos de que la histeria que parece haberse apoderado del régimen chavista, ahora que se siente en pleno proceso de descomposición interna y ante una impopularidad creciente, le organice un accidente, la encarcele o la haga asesinar. Y es lo que puede ocurrirle también a cualquier opositor, empezando por Henrique Capriles, a quien la ministra de Asuntos Penitenciarios acaba de advertirle públicamente que ya tiene listo el calabozo donde pronto irá a parar.

   No es mera retórica: el régimen ha comenzado a golpear a diestra y siniestra. Al mismo tiempo que el Gobierno de Maduro convertía el Parlamento en un aquelarre de brutalidad, la represión en la calle se amplificaba, con la detención del general retirado Antonio Rivero y un grupo de oficiales no identificados acusados de conspirar, con las persecuciones a dirigentes universitarios y con expulsiones de sus puestos de trabajo de varios cientos de funcionarios públicos por el delito de haber votado por la oposición en las últimas elecciones. Los ofuscados herederos de Chávez no comprenden que estas medidas abusivas los delatan y en vez de frenar la pérdida de apoyos en la opinión pública sólo aumentarán el repudio popular hacia el Gobierno.

   Da tristeza un Gobierno, cuyo jefe de Estado silba, ruge o insulta porque no sabe hablar

  Tal vez con lo que está ocurriendo en estos días en Venezuela tomen conciencia los Gobiernos de los países sudamericanos (Unasur) de la ligereza que cometieron apresurándose a legitimar las bochornosas elecciones venezolanas y yendo sus presidentes (con la excepción del de Chile) a dar con su presencia una apariencia de legalidad a la entronización de Nicolás Maduro a la Presidencia de la República. Ya habrán comprobado que el recuento de votos a que se comprometió el heredero de Chávez para obtener su apoyo, fue una mentira flagrante pues el Consejo Nacional Electoral proclamó su triunfo sin efectuar la menor revisión. Y es, sin duda, lo que hará también ahora con el pedido del candidato de la oposición de que se revise todo el proceso electoral impugnado, dado el sinnúmero de violaciones al reglamento que se cometieron durante la votación y el conteo de las actas.

  En verdad, nada de esto importa mucho, pues todo ello contribuye a acelerar el desprestigio de un régimen que ha entrado en un proceso de debilitamiento sistemático, algo que sólo puede agravarse en el futuro inmediato, teniendo en cuenta el catastrófico estado de sus finanzas, el deterioro de su economía y el penoso espectáculo que ofrecen sus principales dirigentes cada día, empezando por Nicolás Maduro. Da tristeza el nivel intelectual de ese Gobierno, cuyo jefe de Estado silba, ruge o insulta porque no sabe hablar, cuando uno piensa que se trata del mismo país que dio a un Rómulo Gallegos, a un Arturo Uslar Pietri, a un Vicente Gerbasi y a un Juan Liscano, y, en el campo político, a un Carlos Rangel o un Rómulo Betancourt, un Presidente que propuso a sus colegas latinoamericanos comprometerse a romper las relaciones diplomáticas y comerciales en el acto con cualquier país que fuera víctima de un golpe de Estado (ninguno quiso secundarlo, naturalmente).

   Lo que importa es que, después del 14 de abril, ya se ve una luz al final del túnel de la noche autoritaria que inauguró el chavismo. Importantes sectores populares que habían sido seducidos por la retórica torrencial del comandante y sus promesas mesiánicas, van aprendiendo, en la dura realidad cotidiana, lo engañados que estaban, la distancia creciente entre aquel sueño ideológico y la caída de los niveles de vida, la inflación que recorta la capacidad de consumo de los más pobres, el favoritismo político que es una nueva forma de injusticia, la corrupción y los privilegios de la nomenclatura, y la delincuencia común que ha hecho de Caracas la ciudad más insegura del mundo. Como nada de esto puede cambiar, sino para peor, dado el empecinamiento ideológico del Presidente Maduro, formado en las escuelas de cuadros de la Revolución Cubana y que acaba de hacer su visita ritual a La Habana a renovar su fidelidad a la dictadura más longeva del continente americano, asistimos a la declinación de este paréntesis autoritario de casi tres lustros en la historia de ese maltratado país. Sólo hay que esperar que su agonía no traiga más sufrimientos y desgracias de los muchos que han causado ya los desvaríos chavistas al pueblo venezolano.

© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2013.
© Mario Vargas Llosa, 2013.

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mayo 01, 2013

La historia del Día del Trabajador



  La fecha conmemora aquel 1º de mayo de 1886, cuando un grupo de obreros norteamericanos se movilizó en reclamo de reivindicaciones laborales que, entre otras cosas, pedían jornadas de 8 horas de trabajo.

    El reclamo de los trabajadores era claro: un pedido de reducción de la jornada laboral a 8 horas, cuando lo "normal" era trabajar entre 12 y 16 horas. La protesta, llevada a cabo inicialmente por 80.000 trabajadores, pronto desembocó en una poderosa huelga nacional que afectó a numerosas fábricas de los Estados Unidos. La fuerza demostrada por los obreros en su reclamo marcó un antes y después en la historia de todos los trabajadores, instaurándose aquella fecha como el "Día del Trabajador".

    El 1° de mayo se conmemora en todo el mundo el Día Internacional del Trabajador en homenaje a los llamados Mártires de Chicago, grupo de sindicalistas anarquistas que fueron ejecutados en 1886. Ese mismo año, la Noble Order of the Knights of Labor, una organización de trabajadores, logró que el sector empresarial cediese ante la presión de las huelgas por todo el país.

  Entonces, el presidente de Estados Unidos, Andrew Johnson, promulgó la Ingersoll estableciendo ocho horas de trabajo diario. Como los empleadores se negaron a acatarla, los trabajadores de la ciudad industrial de Chicago iniciaron una huelga el 1º de mayo, que comenzó con una manifestación de más de 80.000 trabajadores liderados por Albert Pearsons.

  Ese movimiento había sido calificado como "indignante e irrespetuoso", "delirio de lunáticos poco patriotas", y manifestando que era "lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo".

  A partir de allí, el conflicto se fue extendiendo a otras ciudades norteamericanas, logrando que más de 400.000 obreros pararan en 5.000 huelgas simultáneas. La magnitud del conflicto causó preocupación al gobierno y al sector empresarial, que creyeron ver en las manifestaciones y huelgas el inicio de una revolución anarquista.

  Sin embargo, la fábrica Mc. Cormik de Chicago no reconoció la victoria de los trabajadores y el 1º de mayo de aquel año la policía disparó contra los manifestantes que, a las puertas de la fábrica, reivindicaban el nuevo acuerdo. Durante los siguientes días murieron más trabajadores, hasta que el día 4 una bomba estalló contra las fuerzas policiales, suceso conocido como "el atentado de Haymarket".

  El 21 de junio de 1886 comenzó el juicio a 31 obreros acusados de haber sido los promotores del conflicto. Todos fueron condenados, dos de ellos a cadena perpetua, uno a 15 años de trabajos forzados y cinco a la muerte en la horca. La culpabilidad de los condenados nunca fue probada.

Historia de una lucha que aún continúa

  En la actualidad, muchos países rememoran el 1º de mayo como el origen del movimiento obrero moderno. Hay algunos que no lo hacen -en general, países de colonización británica-, como Estados Unidos y Canadá, que celebran el Labor Day (Día del Trabajo) el primer lunes de septiembre; Nueva Zelanda, el cuarto lunes de octubre.

  En Australia, cada estado federal decide la fecha de celebración: el primer lunes de octubre en el Territorio de la Capital Australiana, Nueva Gales del Sur y Australia Meridional; el segundo lunes de marzo, en Victoria y Tasmania; el primer lunes de marzo, en Australia Occidental; y el 1º de mayo en Queensland y el Territorio del Norte.

  En 1954 el papa católico Pío XII apoyó tácitamente esta jornada de memoria colectiva al declararla como festividad de San José Obrero. Últimamente se viene denominando a este día como Día Internacional del Trabajador.

  En Portugal, esta fecha se comenzó a celebrar libremente tras el triunfo de la Revolución de los Claveles el 25 de abril de 1974. Mientras que en las grandes ciudades se realizan manifestaciones promovidas por los sindicatos como la Inter-CGT (Confederación General de Trabajadores Portugueses - Inter) o la Confederación Sindical de UGT (Unión General de Trabajadores), en otros lugares como en el Algarve se acostumbra realizar comidas campestres.

Fuente: SM / Infobae

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